CLEMENT ROSSET: EN EL OJO DEL CICLÓN
Traducción y presentación de ALBERTO PINZÓN LEÓN
Doctor en Filosofía Univ. Javeriana, Docente Maestría UNINCCA
El filósofo Clément Rosset ha relatado en la Route de nuit la crónica de su depresión. Más
allá de su experiencia personal, analiza el destino social y literario de esta
enfermedad del alma.
PRESENTACIÓN DE CLÉMENT ROSSET.
Rosset ha llevado a tan alta expresión el arte de la desilusión, la
delicadeza de la desesperanza, el gusto por la soledad y el obstinado placer
del displacer, que no se entiende por qué es tan poco conocido y leído. Rosset ha manifestado: ¨una
crítica podría hacérseme y no me disgustaría, porque mostraría como la persona
ha comprendido, sino el mensaje, al menos mi manera de proceder, que mis libros
son citas puestas una detrás de la otra, adornadas con un propósito personal¨.
En Rosset, hay una gran libertad en la escritura, yuxtapone
cosas en apariencia diferentes, el teatro y la metafísica, la filosofía y la
historieta. Conjuga una complicidad divertida y un propósito grave.
Clément Rosset es un filósofo francés, si por
ello se entiende la afirmación de Rivarol: ¨ce qui n´est pas clair
n´est pas français¨-Lo que
no es claro no es francés-. Es la claridad lo que distingue en mi opinión a Rosset, en él va a la par lo
profundo y lo ligero, la paradoja le da la particularidad a su obra.
Hay en Rosset una búsqueda de una lucidez sin par. A ella se debe
la idea de un real concebido como idiot, es decir,
según la etimología griega, como simple, como único, sin dualidad ninguna. Lo
real es aquello que se nos presenta sin más. No tiene otra significación que su
presencia, ningún mensaje para dar, ningún fin que llenar. Parecería absurdo,
pero no lo es, absurdo es un sentido que toma el lugar de lo real y vuelve la
situación incomprensible. Es una posición trágica, sin duda, lo real nos
precede y nos sobrevivirá. Nuestra existencia tiene el mismo sentido que el de
lo real. La denuncia de Rosset, es nuestra persistente
duplicación de lo real, símbolo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra
finitud. Lo real nos decepciona porque él es lo que es. Y entonces nos
imaginamos, pensamos, soñamos, vivimos e inventamos un doble, la duplicación de
lo real. ¨Nada más frágil que la facultad humana de
admitir la realidad, de aceptar sin reservas la imperiosa prerrogativa de lo real¨. El sufrimiento es tan real como el placer, pero nos
olvidamos o calmamos el primero para conservar el segundo. Lo mismo pasa con la
pareja muerte-vida, nos inventamos un más allá, para ocultarnos, para alejarnos
de la muerte. La pareja violencia-paz, la condenamos, la prohibimos y la
explicamos en beneficio de la paz. En síntesis, ocultamos la realidad de tal
suerte que nos aparezca menos monstruosa, más sensata, más explicable.
Rosset postula lo real, concebido como inaceptable, más sin embargo
ello lo lleva a valorizar la existencia como un lugar posible de la alegría.
Pero él sabe bien
que ¨la alegría es un regocijo incondicional de y a
propósito de la existencia: ahora bien no hay nada menos regocijante que la
existencia, si la consideramos con toda la frialdad y lucidez del espíritu¨. Sin embargo, nos dice, asumir tal constante
puede llevarnos a un sentimiento de la alegría, de inefable dicha. Sentir la
presencia de un real que no se desvanece, comprender que lo está allí no estará
allí más que una sola vez, que las cosas se dan en el momento mismo en el que
ellas desaparecen para siempre, pueden hacer nacer un sentimiento de gratitud o
de beatitud. Gozar la vida, es gozar de un perpetuo cambio, es aceptar la
universal diversidad, el porvenir del mundo, de un mundo sin cesar diferente,
donde la estabilidad y la fijeza son del orden del pensamiento y no de la
realidad. Si la condición humana es trágica, la alegría es la única posibilidad
positiva del conocimiento de lo peor, ella es el ejercicio jubilatorio
de lo vivido.
DECLARACIONES DE ROSSET RECOGIDAS POR DIDIER
RAYMOND.
Preparándome
para interrogar a Clément Rosset
sobre la Route de nuit,
libro de una maldad insostenible y que opera un giro de ciento ochenta grados
con relación a todo lo escrito antes – los temas recurrentes de estos eran el
elogio de lo real y la alegría de vivir -, me ha sorprendido encontrarlo en
plena forma intelectual y moral. Como dice Molière en
el Tartufo ¨Fuerte
y gordo, el tinte fresco y el rostro bermejo¨. De
esta manera he podido sacar provecho de las circunstancias favorables para
interrogarlo sobre el carácter extraño y desconcertante de este libro.
-Clément Rosset. Ante
todo quiero decir algo, si hay algún interés, para algunos lectores, literatos
y para los lectores que se interesan por la psicopatología,
en mi Route de nuit, me
parece que, pero no estoy muy seguro
quizás, - es muy difícil hablar de sí mismo- su principal cualidad es la
facultad de auto-observación, quien está en esta especie de situación es
difícilmente compatible con la dura labor que representa la redacción de un
libro. Otros antes que yo han tenido cierto éxito en esta apuesta, Maupassant seguro, Styron, Fitzgerald en una corta y última novela, La fêlure. Pienso
en la observación, o más bien la
auto-observación de que eso que siento, constituye una suerte, una rareza,
porque generalmente cuando se está aquejado por este garrotazo, se está en un
estado quizás compatible con la continuación de una vida profesional
disminuida, pero no con la redacción de un libro. Desde este punto de vista uno
de los intereses de publicar este libro, independientemente de lo que quizás
puede ser su éxito literario y de lo que su elemento divertido puede agregar a
lo trágico del relato, es esta veracidad al espejo, si puedo decir, que es poco
probable en el caso de alguien que al mismo tiempo – o al menos quien lo ha
precedido un poco- ha pasado por los sueños abominables y los sufrimientos
matinales que relato en el libro. Para caracterizar esta rareza, compararía de
buen grado esta rareza de la escritura con la rareza de una escritura
embriagada.
Es
muy raro que un depresivo o un deprimido temporal logre hacer un libro y es aún
más raro que un alcohólico tenga el coraje de escribir un libro como en el caso
en mi opinión único de Malcolm Lowry
en Au-dessous du volcan. No sé de donde Lowry ha sacado la lucidez y la energía necesarias para la
redacción de un gran libro de una escritura genial, de una comicidad inmensa,
de una originalidad total, libro que describe de manera muy luminosa para
alguien que no es alcohólico, no al menos hasta ese punto, lo que es el universo
del Cónsul**, el universo mental del alcohólico, y
que es al mismo tiempo un libro único por el hecho de haber sido escrito por un
alcohólico en estado terminal. Está desde luego el caso de Poe,
pero Poe no escribió, o muy poco, sobre el
alcoholismo. Hay una posibilidad sobre mil o un millón en que un hombre
aquejado por ese grado de alcoholismo haya descrito de esta manera tan exacta y
precisa.
-Route de nuit marca una ruptura
de tono y de contenido con tus libros precedentes, que hacen el elogio de lo
real y de la alegría de vivir.
-Sí,
cierto, pero tomo la precaución de decir que se trata de la descripción de una
enfermedad que no afecta del todo las tesis que he defendido en mis otros
libros; por otra parte ese tono era provisorio, lo he abandonado y escribí
enseguida otros libros que vuelven al canal ordinario de mis obras.
-¿La crisis que relata Route de nuit está
unida a un acontecimiento puntual, o a unas causas más profundas y más
antiguas?
-¿Es
que se trata de un mal provocado por los sinsabores de orden afectivo, como lo
sugiero vagamente en el libro, o es aquello que no sería más bien que un mal
más profundo unido a una soledad existencial propia de todos los hombres, o a
la pérdida de la madre, cuya pequeña desgracia coincide con la crisis depresiva
sería la causa ocasional en el sentido aristotélico del término?
Diría
primero que no lo sé, evidentemente. Soy el último en poder saberlo; me
inclinaré a pensar, sin embargo, que la depresión habiendo sobrevivido al
sosiego total de la tristeza que aparentemente la había provocado, no es esta
tristeza la causa profunda, sino más bien lo revelador, lo incitador. Cincuenta
años de vida feliz estuvieron quizás fundados en parte sobre la represión
inconsciente de una fuerte tristeza. ¿Una tristeza inconsciente de vivir? ¿La
tristeza de no haber admitido –siempre inconscientemente- un supuesto abandono
afectivo de parte de mi madre? Esto me extrañaría porque ella ha muerto ya
vieja y fue siempre muy afectuosa con sus hijos; pero como muchos de los sueños
de los cuales me acuerdo por milagro al cabo de cincuenta años (antes del
deceso de mi madre) no evocan nunca una separación de ella, se puede
evidentemente descartar totalmente esta hipótesis.
-Sin
embargo, ¿piensas que la relación con tu madre ha podido jugar un papel en esta
crisis?
-Quizás
en el modo de una represión que habría tenido lugar mucho más tarde si uno cree
en el psicoanálisis. Es decir en un momento de mi infancia habría renunciado a
mi madre sin renunciarlo verdaderamente, y eso sin afectar en mi la zona consciente. No puedo decir nada preciso, se debe
limitarse, aquí, a las hipótesis.
-¿Cómo definirías el
sufrimiento depresivo?
-Es
una pregunta a la cual es casi imposible responder, y esto hace por otra parte
la particularidad de este dolor, de ser sin naturaleza definible como lo es sin
causa aparente. Nadie la comprende, ni los psiquiatras ni los escritores que
han sufrido o han intentado describirla, como Fitzgerald
en La fêlure
o Styron en Face aux ténèbres. Styron dice que la angustia depresiva se relaciona un poco
con el ahogamiento, con la asfixia, agregando por otra parte, en seguida, que
es sin embargo totalmente diferente. Fitzgerald ha
salido bien con unas piruetas admirables de fría y fúnebre ironía. En cuanto a
mí soy incapaz de decir el horror que experimento algunas mañanas durante una
hora, en el momento de abandonar el lecho. Sufro, pero de ninguna cosa; nada es
causa de dolor en las imágenes, los pensamientos desfilan cuando estoy medio
despierto. Ellas no obstante se acompañan de una descarga de sufrimiento
absolutamente indescriptible. No he encontrado en ninguna parte descripción y
sería incapaz de hacer una descripción yo mismo. Simplemente puedo decir – es
la última definición que he encontrado, y es completamente negativa- es un
dolor sobreagudo, de orden no físico, cuya naturaleza y causa son desconocidas.
Evidentemente ello no nos adelanta mucho.
-¿Ha sacado algo de positivo en esta
experiencia, como Nietzsche que afirma haber sido siempre fortalecido por sus
victorias sobre su temperamento depresivo? Se lee por ejemplo en el Crepúsculo de los ídolos: Aprendí en la
Escuela de guerra de la vida: lo que no me mata me fortifica.
-Para
mí esto no me ha fortificado demasiado sino antes bien debilitado. Por supuesto
las tristezas que he tenido en mi vida me han fortificado, de su sobrevivir, de
vencerlas; pero, en el caso de la depresión, me he encontrado sin fuerza. He
tenido la impresión de tener uno o dos cilindros de menos en mi máquina, como
lo sugiero en mi libro, pero esta impresión no dura sino una pequeña parte de
mi jornada. Es verdad que ese mal momento, tiende a repetirse, y es a la larga
extremadamente fatigante, al cabo de una decena de años uno se siente atacado
en sus obras vivas como el toro atormentado por los picadores. De tanto ser
picado en el lomo termina por perder sus fuerzas.
Sin
embargo si este ¨episodio clínico¨
(para retomar el subtítulo de mi libro) no me ha vuelto más fuerte, me ha en
cambio interesado por lo inaudito. Se está ante lo extraño, lo desconocido
absoluto; es una aventura, un viaje más extraordinario que los de Jules Verne. Como uno se desdobla un poquito uno puede
observarse. De un lado uno está desplomado completamente como una vieja foca
sobre su roca muere de pena y de agotamiento; pero de otro lado uno se dice: ¨¿Qué es este asunto?¨ Asunto completamente inesperado e
incomprensible. En mi caso, ha sobrevenido como un trueno en un cielo sereno
(esta expresión concierne a la manera como se había descrito la irrupción
súbita, en el siglo XIX, del problema irlandés en Inglaterra). Inglaterra
estaba en la cima de su poderío, y de su imperio, y bruscamente, en su seno
mismo, sobre su propio territorio, una de las dos islas que forman la Gran
Bretaña, se rebela y comete atentados violentos, un poco como los que enlutaron
las provincias argelinas de la Francia al comienzo de la guerra de Argelia. El
problema anglo-irlandés presenta similitudes sorprendentes con lo que ha sido
luego el problema franco-argeliana.
-Magnan –psiquiatra del siglo XIX- ha caracterizado
precisamente el arrebato delirante como un ¨trueno en
un cielo sereno¨.
-Este
psiquiatra precursor era cercano a la época en que fueron pronunciadas estas
palabras. Debió acordarse. Quizás no sabía que tenían relación con Inglaterra e
Irlanda. Se ha vuelto a usar muy a menudo esta expresión, cada vez que se desea
describir esta suerte de borrasca, de tempestad o de huracán que estalla de repente algunos instantes antes cuando el cielo está sereno.
Es un poco lo que pasa en los momentos de gran calma histérica; allí también,
es necesario desconfiar.
-Comienzas
con una excelente descripción clínica de la neurosis depresiva; pero
rápidamente señalas, en algunos momentos, su ¨flirt¨
con la psicosis: sentimiento de pérdida de la identidad personal (lo que es
raro en los depresivos, que el yo doloroso está hiper-presente)
sentimiento de irrealidad del mundo (que se añade al sentimiento de irrealidad
de sí).
-En
lo que concierne a la psicosis, es cierto que -¿es verdad de la depresión en general
o de la mayoría de los depresivos?- en mi caso, el ataque depresivo es a menudo
acompañado de un sentimiento extraño de despersonalización y de desrealización.
Tenía entonces la impresión que lo real devenía un poco dudoso o tomaba un
carácter de facticidad, mientras que el yo perdía toda consistencia; que éste
estaba hecho de materiales arbitrariamente reunidos ( de
¨pièces rapportées¨,
como dice Montaigne), aquél de cartón piedra. Tal
como el decorado de un teatro que puede derrumbarse en cualquier instante, o
esos planos donde se reconoce los edificios en una simple línea que delimita
los techos, pero que no describe la consistencia real. He tenido frecuentemente
la impresión entonces de mis sueños, pero algunas veces también la impresión
durante el día, más o menos pasajera, que paseaba por las calles de Niza o de
París pero todo lo que veía era sólo un bonito decorado. Bastaba un papirotazo,
el decorado caía. Parece que esos síntomas preceden algunos días a la admisión
en las casas de Sanidad. Me tranquilizo pensando pues hace muchos años esos
síntomas se manifiestan esporádicamente sin aparentemente alterar mi razón. Sin
embargo, ese primer factor, la irrealidad, presenta un carácter psicótico
innegable, pero se trata de una psicosis fugitiva. El segundo carácter
igualmente psicótico –que era en mí más frecuente- es el sentimiento de
desrealización del yo, la confusión de identidad.
Tenía
frecuentemente el sentimiento que otra persona tenía mis sueños, no era yo
quien había soñado. La irrealidad y la pérdida de identidad tienen un carácter
evidentemente psicótico, pero la gran diferencia es que este estado no era en
mí psicótico sino pseudo-psicótico en la medida en que era una psicosis lúcida,
quiero decir en el tiempo en donde no me reconocía como yo mismo, en el tiempo
en que no consideraba real el espacio en donde estaba, la parte sana del yo
sabía perfectamente que ese sentimiento era pura alucinación. Sufría de algo
sabiendo que era falso. Es en este sentido un refinamiento de crueldad: pues si
uno tiene un mal por nada, por cosas de las cuales no cree en sí mismo, eso no
hace más que volver el sufrimiento más absurdo y más penoso, pero al mismo
tiempo eso significa que no se trata de una psicosis real sino de una
pseudo-psicosis pasajera, de una psicosis junto a una lucidez total.
-¿No crees que el fondo depresivo
está unido a un sentimiento de una soledad insuperable?
-No
puedo afirmarlo. No tengo seguridad. Por supuesto, eso parece muy cierto. La
desgracia está prometida al hombre que vive solo, dice la sabiduría griega. Las
primeras páginas del Génesis relatan
que Yahvé vio que había cometido un error al crear un hombre solo y le da
enseguida una compañía. La soledad es quizás el mal original. Lo que me sorprende
es que, en mi caso y por razones de preferencia de todos los órdenes, escogí
muy joven vivir en la soledad, por cierto con muchas relaciones y amigos, pero
sin nunca verdaderamente vivir a dúo. Yo no puedo vivir, ni escribir, sino
solo. Sabía que no conocería jamás la experiencia que evoca Mallarmé
en su Prose pour Des
Esseintes*: ¨fuimos
dos, lo sostengo¨. Pero no sufro de esta soledad en
absoluto, al menos durante los cincuenta años que han precedido a la crisis
depresiva.
Al
contrario, la soledad era mi oxígeno. La necesitaba. Es por eso que estoy muy
confundido para responder a tu pregunta. ¿Es el complejo del abandono, el
retorno a la soledad existencial o bíblica lo que está en el fondo, la clave de
la depresión? Quizás en unos doscientos años los psiquiatras lo verán un poco
más claro: por mi parte confieso no tengo más opinión sobre el asunto.
-El replanteamiento actual de la
depresión, sobre la cual todos están de acuerdo, ¿te parece unido al hecho de
que las condiciones de la sociedad moderna, al menos en los países
occidentales, favorecen y agravan la soledad individual?
-El
origen del replanteamiento depresivo, al fin del siglo XX y al comienzo del
siglo XXI ¿está unida al hecho de que la sociedad moderna ha prometido una
soledad material del hombre? Quisiera responder primero a una cuestión previa:
No estoy seguro de que haya tenido un aumento la depresión. No estoy seguro que
no haya sido vivida antes bajo otros nombres. El cáncer reinaba desde hace
milenios pero no se le llamaba cáncer. Quizás la depresión es mucho más antigua
de lo que se piensa. He hablado de Yahvé, creó a Eva para no abandonar a Adán a
la pesadilla de la soledad. El origen de la depresión sería entonces tan antigua como el mundo. Pero es probable una progresión en la
depresión en razón de que ha aumentado la soledad provocada por la sociedad
moderna que aísla los individuos en lugar de reunirlos, ello explica de paso el
consumo de medicamentos psicotrópicos que no dejan de aumentar en las
sociedades occidentales. En tiempos pasados, cuando caía la noche, uno se
reunía en la choza. Toda la ciudad estaba allí. Se conocía. Nadie estaba nunca
solo. En cambio la televisión es el instrumento de la soledad absoluta:
necesidad más de mujeres, uno está rodeado de millones de gentes y en realidad
uno está completamente solo. Con las diez personas que uno ve todo el tiempo en
la choza, uno no está solo del todo. En este sentido Antonioni,
que ha sido creo el primer cineasta en volver a la China de Mao
Tse Toung, ha dicho algo
que me ha sorprendido mucho: evidentemente, decía, para nosotros, occidentales,
es muy difícil adherirse a esta sociedad colectiva. Uno no tiene jamás una hora
de soledad; si uno está con su mujer, no hay sino una ligera cortina que los
separa del resto de su familia, cortina que no importa cual miembro del Partido
puede arrancar brutalmente para enviarlos a ser rehabilitados cuando estaban
haciendo otra cosa. Antonioni dice que esta
colectivización de la vida tiene esta cara, pero también una parte muy
preciosa, nunca he visto Chinos desdichados y sobre
todo nunca he visto Chinos sufrir de soledad. No hay psicosis en China, ni
neurosis, ni en todo caso depresión: hay chiflados como en todas partes pero no
hay depresivos. Uno no tiene tiempo para eso, siempre está con alguien, siempre
hay gentes alrededor de ustedes. Los Chinos no tiene
pues necesidad de la ayuda de esas drogas de nombres raros que inventé en la Route de Nuit.
Argumento
corolario que iría en este sentido: no hay anticolectivistas o individualistas
tales como los franceses: ¨no entre, qué vienes a
hacer, está cerrado, etc¨. El Francés
es aquel que no vive en sociedad, ahora bien Francia es el país que consume el
doble de ansiolíticos con relación a las otras naciones y es el más aquejado
por la depresión. Parece pues haber un vínculo efectivamente entre el aumento
de la depresión y las condiciones de vida de la sociedad moderna.
-Propones una nueva tipología de
los trastornos depresivos relacionados con el sueño, o al final del sueño. Esta
tipología ¿es según tú una nueva nosografía con carácter científico?
-La
he llamado hasofin,
un poco en memoria del Horla de Maupassant,
este estado depresivo en el momento del sueño, puede a veces durar una hora, a
veces más. Esta palabra bárbara es la abreviación de ¨hiper-activismo
semi-onírico al final del sueño¨.
Si he querido hacer un poco como los científicos o los pseudo-científicos y
establecer una tipografía (estado 1, estado 2, etc.), era en razón de mi deseo
de clasificación y de descripción, de un esfuerzo de auto-observación sin
verdadera intención científica. Tomo notas al despertar, queriendo, sino
explicarme a mí mismo al menos describir mi intención de aquello que venía de
experimentar en el sueño. En la relectura de estas notas me ha parecido que había
seis grandes tipos de hasofin
en mí. Pienso que no hay lugar para pensar aquí de manía de la taxonomía. Era
más bien una preocupación de ver claro. Hoy es esto, mañana es eso. Hay
matices. Como diría me parezco más al escritor muerto de sida: ¨saben, hay muchos matices en el estado sidoso.
Hace dos años no duermo, pero es muy diferente en cada noche¨.
-¿Haz terminado por triunfar en
este episodio depresivo?
-¿Qué
si ya salí de esto? Sí y no. Digamos he salido en la medida en que he terminado
por comprender que no he salido. Pues es ya un gran paso hacia la curación
decirse: ¨no nos volvamos locos: es perdido¨ Es un poco la divisa por otra parte de mi
filosofía y de mi vida, que he expresado muchas veces aquí o allá diciendo: ¨tranquilicémonos: todo va mal¨.
Cuando he comprendido que no podría erradicar completamente esta cosa, he
elegido como necesario vivir inteligentemente con la enfermedad, ¨acomodarse¨ como se dice popularmente, y no esperar ganar
sino procurar no ser vencido. No he salido pero sin embargo he hecho progresos
gracias a esta estrategia. Evidentemente el mal se encarna cuando se está
metido en una sin salida, confrontado a una proposición de partida nula. Eso
enerva la bestia ella quiere vuestra perdición. Se enerva cuando se acostumbra a
ella: ¨¡Ah! es todavía vuestra querida amiga; ¿cómo
vamos? Vamos hacer un trocito de camino juntos¨. La
bestia rabiosa: ¨¿Cómo? ¡No ha muerto aún!¨. Ella
redobla los esfuerzos pero es preciso tener calma y hacerle frente.
-¿Has sacado parte de la lectura de
textos literarios recientes que conciernen a la depresión?
-Sí
y no. Por supuesto sí en lo que respecta al libro de Styron
Face aux ténèbres. La lectura de este libro me ha interesado
porque la descripción de la enfermedad es bastante precisa; de todo lo leído es
lo que he encontrado más próximo a aquello que he experimentado. Es posible
también que este libro me haya dado la idea de ser creativo como lo fue Malcolm Lowry y de intentar yo
también una descripción de la depresión. Dicho esto, el valor literario del
libro de Styron es mediano, por no decir mediocre. Es
un libro lleno de ingenuidades por todo lo que anota de la evaluación
psicológica de los individuos y de la evaluación literaria de los escritores.
En fin es un Americano. Otro Americano, Fitzgerald, ha conseguido en algunas páginas de La Fêlure, no
solamente producir un documento precioso sobre la depresión, sino también hacer
una soberbia obra literaria; por otra parte el resto de la obra de Fitzgerald es literariamente de primer orden, no es el caso
de las obras de Styron, incluso si éste no es un
escritor sin talento, está lejos de la importancia de Fitzgerald.
Pero, no he leído La Fêlure,
sino hasta después de haber escrito Route de nuit. Lo más importante en el libro de Styron, es que ha restituido el carácter incomprensible e
indescriptible de la angustia depresiva. En Fitzgerald,
la causa de la depresión es tan evidente que no hay nada de enigmático en su
angustia.
-¿Cuáles han sido las reacciones
del público con la lectura de Route de nuit?
Esas
reacciones no han sido numerosas. Es un libro que no ha sido muy leído, por el
momento no ha sido traducido; pero aquellos que lo han leído han estado muy
interesados, fuera del Le Figaro que le ha consagrado dos líneas infamantes. En
resumen este libro ha sido poco acogido pero bien recibido, y más notable es
que ninguno de aquellos que leen mis libros, en conjunto los mismos que han
leído la Route de nuit, han
puesto la menor objeción en lo que respecta al carácter atípico de este libro.
Nadie parece asombrarse que el mismo autor haya escrito este libro y los otros.
Este bastonazo cae de su peso. Esto me tiene bastante asombrado. ¿Habría habido
siempre un público de depresivos?.
-Vuelvo para terminar a una de mis
preguntas anteriores: ¿Es la depresión según tú un accidente en el trayecto de
la vida, o está inscrita y programada desde la infancia?
-Te
repito que no lo sé. La mayor parte de los depresivos lo son después de los
quince años, sino desde la primera infancia. Esto es sin embargo extraño, en lo
que me concierne, es si la depresión se remonta a la infancia o al origen de
los tiempos, como nos lo ha señalado la Biblia, en cambio yo no he conocido
nada que se parezca en absoluto a un estado depresivo a la edad de cincuenta
años, y por consecuencia no me reconozco en esta depresión. Me reconozco en
todos los aspectos en Nietzsche pero no en este punto en particular, porque
Nietzsche poseía un temperamento francamente depresivo; sus gritos de alegría
dionisiaca eran momentos en que sacaba la cabeza del agua de la depresión. Es
bastante curioso que haya escrito sobre su gusto de vivir pero nada sobre su
mal vivir que afectaba el setenta y cinco por ciento de su programa de trabajo;
este no es mi caso. Nietzsche es un depresivo crónico. En cuanto a mí, soy un
depresivo ocasional, convertido en tal por un accidente violento; se vuelve
siempre al ¨trueno en un cielo sereno¨.
CRONOLOGIA DE LA OBRA DE CLEMENT ROSSET.
1. La antinature.
(1973) Traducido al español
2.
(Le réel. Traité de l´idiotie).(1977)
3.
La force majeure. (1983)
4. Le reél et son double. (1984) Traducido al
español
5.
L´objet singulier. (1985)
6.
Le philosophe y les sortilèges. (1985)
7.
Le principe de cruauté.(1988)
8.
Principes de sagesse et folie. (1991)
9.
La philosophie tragique (1991)
10.
Louis Althusser, récit divan: lettre ouverte à Clément
Rosset à propos de ses notes sur Louis Althusser. (1992) Traducido al español
11.
En ce temps-là. (1992)
12.
Matière d´art. Hommages. (1992)
13.
Schopenhauer, philosophe de l´absurde. (1993)
14.
Logique du pire. (1993) Traducido al español
15.
Le choix des mots.(1995)
16.
Le démon de la tautologie. (1997)
17.
Loin de moi. Etude sur l´identité. (1999)
18.
Lettre sur les chimpancés.
(1999)
19.
Le monde et ses remèdes. (2000)
20. Le Régime des
passions et autres textes. (2001)
21. Ecrits sur Schopenhauer.
(2001)